
¿Sabes cuánto tiempo de tu vida pasas realmente en la cama? Un tercio, ni más ni menos. Sí, has oído bien, la friolera de entre siete y nueve horas al día. Y, a pesar de esa brutal cantidad de tiempo, el colchón suele ser el gran olvidado de la casa, el mueble al que menos atención le prestamos cuando toca renovar. Lo aguantamos hasta que casi se desintegra, o elegimos el más barato sin pensarlo dos veces. Otras veces, nos dejamos llevar por la labia del vendedor de turno sin tener ni idea de qué necesitamos de verdad.
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Cuándo toca cambiar de colchón
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Un colchón decente aguanta lo suyo, entre ocho y diez años. Pero, ¿cómo sabes que ha llegado su hora? Pues mira, hay señales claras: si te levantas con la espalda, el cuello o los hombros como si te hubieran dado una paliza, y ese dolor va mejorando a medida que avanza la mañana, ¡bingo! Tu colchón no te está sujetando como debe. Otra cosa: si ya notas los muelles clavándose, o ves un cráter donde antes había una superficie lisa, o escuchas al colchón quejarse cada vez que te mueves, es obvio. Pero ojo, a veces el deterioro no se ve. Aunque no notes nada raro, si llevas más de una década con el mismo, el relleno ya no es lo que era. El soporte se habrá ido de paseo.
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No esperes a que tu colchón pida la jubilación a gritos. Adelantarte un poco y cambiarlo antes de que se convierta en una trampa para tu espalda se traduce en una calidad de sueño mucho mejor. Mucha gente no se da cuenta de lo mal que dormía hasta que se deshace de ese viejo amigo; la diferencia puede ser abismal.
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Tipos de colchones: lo que de verdad tienes que saber
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Los colchones de muelles continuos son los de toda la vida, los más sencillos y económicos. Imagínate un solo hilo de alambre haciendo zig-zag por toda la cama. ¿El problema? Que si tu pareja se mueve, tú lo notas. Como si durmieras en una balsa compartida. Para un apuro o un presupuesto muy ajustado, cumplen. Pero si buscas un sueño reparador, no son precisamente la joya de la corona.
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Luego están los muelles ensacados, la versión 2.0. Aquí, cada muelle va en su saquito individual y trabaja por su cuenta. Esto significa que el terremoto de tu compañero de cama no te llega (¡bendita independencia!). Se adaptan mucho mejor a la silueta de tu cuerpo. Dentro de los colchones de muelles, estos son los que merecen la pena, y los encuentras en un rango de precios que te sorprenderá.
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La viscoelástica, esa que se adapta como un guante. Reacciona al calor y a la presión, distribuyendo el peso de maravilla y aliviando los puntos de presión. Si tienes dolores articulares o musculares, pueden ser tus mejores aliados. ¿Su pega? Retienen el calor más que los muelles, lo que puede ser un fastidio para los calurosos. Y esa sensación de






